CASO REAL

Tino García Varela

La experiencia entrenando con Cata y Cristian no ha podido ser más constructiva y gratificante ya que, en mi caso, supuso un avance a nivel físico, pero también psicológico y personal.
Para ponernos en contexto, cuando comencé a entrenar con ellos habían pasado unos seis años sin hacer deporte de forma regular. Por circunstancias personales y profesionales dejé de ir al gimnasio, nadar y remar y pasé a comer peor y a llevar un estilo de vida sedentario, lo que me llevó a adoptar una serie de hábitos perniciosos que agravaron problemas de rodilla, cadera, aumento de peso y pérdida de masa muscular; lo que también conllevaba dolor constante en la pierna izquierda que ningún otro profesional acertó a poner remedio.
Así pues, en un primer momento se centraron en valorar el que era mi estado físico, profundizando en mis experiencias previas, las alteraciones y patologías que podía tener y el objetivo que perseguía poniéndome en sus manos. Además, también valoro que me derivasen a un fisioterapeuta de su confianza para tener una visión global de mis problemas osteoarticulares y así poder tener constancia de qué trabajos específicos podrían ser beneficiosos o negativos en mi caso.
Una vez valorado, comenzamos un entrenamiento funcional, alejado de los convencionalismos del trabajo con pesas y máquinas, con un componente lúdico muy marcado en sesiones de 45 a 60 minutos, avanzando de forma progresiva en intensidad y exigencia. Siempre trabajando todos los aspectos necesarios para afrontar mi recuperación física y mejorar mi estado, comenzando con un breve calentamiento, trabajos de coordinación, fuerza y resistencia, vuelta a la calma y estiramientos.
Y aunque plantean sesiones lúdicas y amenas, Cristian y Cata también son muy exigentes y se implican en todo momento en el entrenamiento, corrigiendo constantemente aquellos pequeños detalles que, aunque solo parezcan eso, pequeños, marcan una enorme diferencia en cada entrenamiento. Y los más importante no es que te corrijan, es que te muestran como realizan ellos el ejercicio, comentando los fallos y posibles mejoras para que, de forma paulatina, ganes en autonomía e interiorices esas sensaciones que diferencian un trabajo “pobre”de una técnica bien ejecutada y que, como he dicho anteriormente, marcan la diferencia.
En perspectiva, y aunque al principio me parecían sesiones livianas y relajadas, eran mucho más efectivas que el trabajo que solía realizar en la zona de pesas de un gimnasio convencional. Por otra parte, en cuanto consideraron que había alcanzado una forma física que me permitiera afrontar nuevos desafíos y, lo más importante, había dejado atrás aquellas dolencias gracias al trabajo específico realizado, aumentaron la intensidad de las sesiones.
El trato cercano y el apoyo e interés constante que muestran, le permitieron ver que podía dar más de mí y así me lo hicieron saber en innumerables ocasiones. Si os ponéis en sus manos no dejaréis de escuchar su inconfundible “¡VAMOS!”, siempre acompañado de una sonrisa cómplice que te hace saber que ese último esfuerzo es el que realmente vale la pena.
Por todo eso en el encabezado de este texto os decía que en sus manos avancé en el plano físico, pero también psicológico y personal. Con sus apoyos y dedicación instauraron de nuevo en mí el gusto por practicar deporte, por llevar una vida activa y superar mis límites. Eso sí, siempre, porque eso en ellos no es negociable, con una Enorme Sonrisa.